martes, 15 de febrero de 2011

Santa Rosa de Lima, el poder de la oración

La primera santa americana, patrona de la JMJ, entregó su vida a la atención de los más débiles. Isabel Flores de Oliva nació en Lima, en 1586, en el seno de una familia de pequeños propietarios limeños. Su infancia y adolescencia giran en torno a la vida de una familia que la forma profundamente en los valores cristianos y en una educación humana.

Rosa renombrada así por su belleza vive una vida de profunda espiritualidad basada en la oración y en la mortificación. Explica en sus escritos que la mortificación es necesaria para ser saciados por el Espíritu de Dios, para ser orientados por el Espíritu Santo y para poder cambiar la tierra a partir de uno mismo. Innumerables horas en oración con Dios la hacen acreedora de una merecida fama de santidad. Cada vez más gente se acerca a ella y Rosa se convierte en un altavoz del valor de la oración. A pesar de su perseverancia en la oración personal Rosa soporta durante 15 años una gran aridez espiritual que la fortalece en su relación con Dios.

Otra de las fuentes de su vida espiritual es la Eucaristía y en la honda piedad hacia la Virgen María, para lo que propaga el rezo del Rosario estimando que todo cristiano "debe predicarlo con la palabra y tenerlo grabado en el corazón".

Murió joven, con apenas 31 años en 1617, en olor de santidad gracias a la intensidad con la que trató a Dios desde la oración y la Eucaristía.

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